Homo Videns-1

María Laura Gómez (Cátedra Cáceres, Comisión  Mónica Mir)

HOMO VIDENS. Giovanni Sarori. Cap.1

El tema central del capitulo uno del libro, es sobre la influencia negativa que tiene la televisión en la formación inicial del niño. Es decir, del abuso de la imagen a costa de la cultura escrita. Se plantea que el hombre actual, homo sapiens, se está transformando en homo videns; a raíz del predominio de la televisión sobre la prensa escrita como medio de comunicación de masas; y sus efectos: entre otros, la progresiva caída del ser humano para pensar en abstracto, debido a que la imagen lo da todo ya “hecho”.

Sartori establece una comparación entre el uso de la imagen y el de la palabra escrita como transmisores de información, haciendo hincapié en sus efectos sobre los niños.

La característica que diferencia al hombre actual del primate es su capacidad simbólica, su capacidad de abstracción. Esta capacidad se expresa a través del lenguaje, la capacidad de comunicar mediante una articulación de sonidos y signos previstos de un significado. Los animales, se dirá, también transmiten señales, a su modo. Sin embargo, la diferencia radica en que aquél posee un lenguaje que es capaz e hablar de sí mismo. El lenguaje no es un instrumento sólo del comunicar, sino también del pensar. Y el pensar no necesita del ver. Así por ejemplo, un ciego está obstaculizado por no poder ver la realidad, pero no por no poder ver en lo que piensa. Las cosas en las que pensamos no son visibles.

De todos los inventos tecnológicos, es la televisión el que modifica primero y de forma sustancial la naturaleza de la comunicación, pues la traslada de la palabra impresa, escrita o radiotransmitida, al contexto de la imagen. La diferencia es que la palabra es un símbolo, que se resuelve en lo que significa, en lo que podemos entender. Y entendemos la palabra sólo si entendemos la lengua. Por el contrario, la imagen es una pura retransmisión visual. Se ve y eso es todo. Basta con no ser ciegos.

Los niños se pasan horas ante la televisión antes de aprender a leer y escribir y absorben todo lo que ven: al no comprender, no discriminan la información. La imagen se convierte así en el primer contacto con la “realidad”; un contacto fácil por su inmediatez.

No todo progreso tecnológico desemboca en un progreso por definición. La televisión no tiene por qué serlo necesariamente. La televisión es un progreso en sí mismo, no produce progreso per se, como tampoco una mejora cuantitativa es en sí misma una mejora, si no comparte a su vez un avance cualitativo.

La televisión es positiva en tanto en cuanto entretiene. Asimismo, estimula. Pone a nuestro alcance el mundo entero. El problema surge cuando lo transforma todo en espectáculo, además del empobrecimiento de la capacidad de entender.

Algunas palabras llevan a la mente figuras e imágenes de cosas visibles. Pero esto sólo sucede con algunos nombres propios y palabras concretas, las llamadas palabras “denotativas” (casa, mujer, gato, coche, etc.) Pero la mayoría de nuestro vocabulario consiste en palabras abstractas, que no tienen ningún correlato en cosas visibles, y cuyo significado no se puede trasladar ni traducir en imágenes. Esto quiere decir que podemos “ver” la palabra ciudad, pero no, por ejemplo, “nación”, “paro”, “felicidad”, etc. Y nuestra capacidad de administrar la realidad, en especial la política, económica y social, se fundamente exclusivamente en un pensamiento conceptual que representan entidades invisibles e inexistentes para el ojo humano. Estos conceptos están sustentados mediante un código que cobra sentido en una determinada cultura. Este código compartido permite adjudicarle los mismos signos a los mismos referentes.

Así, el saber del homo sapiens, que se desarrolla en la esfera de un mundus intelligibilis, pasa a desarrollarse en un mundus sensibilis, el mundo percibido por nuestros sentidos. La televisión invierte la evolución de lo sensible en inteligible, produciendo imágenes y anulando conceptos, atrofiando de ese modo nuestra capacidad de abstracción y, con ella, nuestra capacidad de entender.

Internet es un instrumento multitarea: transmite imágenes, texto, sonidos, abre al diálogo entre usuarios. Se distinguen tres posibilidades de empleo: 1) utilización práctica; 2) entretenimiento; 3) utilización educativo-cultural. El primer uso está generalizado. Respecto al segundo, la televisión no perderá su lugar, porque triunfará entre los más cómodos, frente a la gente más activa que prefieran dialogar y buscar por Internet. En lo que concierne al uso cultural, parece que debería ayudar, ya que en la red se puede encontrar cualquier cosa. Sin embargo, existen varios peligros: uno, que la persona llegue a Internet ya como homo videns; otro, que la enorme oferta haga estallar la demanda y sature. En definitiva, las posibilidades de Internet son infinitas, y serán positivas en tanto en cuanto sea usado como herramienta práctica o educativa; como entretenimiento, sin embargo, puede dar lugar a una gran pérdida de tiempo, un espacio donde los analfabetos culturales maten su tiempo libre en compañía de almas gemelas. En este sentido, no significará progreso alguno.

En cuanto a la televisión, creo yo que también se la puede pensar como una herramienta que contribuya al pensamiento abstracto, el uso de las imágenes como medio para el desarrollo del mismo. Para ello el niño debería ver la televisión con un adulto, con el cual establezca un dialogo a partir de lo que ocurre. Ya que la comunicación esta mediada por símbolos, por un código compartido, propios de una cultura y que permiten pensar en forma abstracta. Cuando un niño ve la televisión sin control, se pierde el código que existe en la comunicación y solo recibe información. Este discurso mediático, basado en el flujo de imágenes no requiere ni produce memoria porque las imágenes que se suceden, no requieren de la anterior para ser decodificada. Las prácticas cotidianas de los chicos (televisión, videojuegos, etc.) se encuentran saturadas de estímulos, que generan una desconexión por parte de los chicos, donde predomina la percepción sobre la conciencia.

Estoy de acuerdo con la teoría de Sartori, pero también considero que no basta con saber que esto sucede y sostener una mirada negativa respecto al futuro de la sociedad. Por el contrario, y sabiendo que es utópico pensar que los niños solo se aboquen a la palabra escrita, creo es importante tratar de que los chicos pasen de ser usuarios pasivos a usuarios activos de la información recibida.Donde a través de la comunicación, puedan ejercer determinadas operaciones que den sentido a o que hacen, que lleven a la interpretación, evaluación y crítica de las imágenes recibidas.

IUNA.OTAV Digitalización I-Cátedra Cáceres.María Victoria Padilla Settier

La culpa es del chancho

Primero de todo quiero aclarar que no estoy de acuerdo con acuñar neologismos en el área de la teoría sea literaria u sociológica. No porque no reconozca la capacidad de estas nuevas terminologías de aglutinar significados nuevos, sino porque en muchos casos me suena a una moda del ambiente cultural universitario y hace parecer que uno no es nadie hasta que haya inventado un término propio. Pero más allá del asunto de la moda me parece que en muchos casos realmente no hace al caso y se usa como un recurso efectista y publicitario. Puedo conceder que en muchos casos el vuelo expresivo de la escritura de un autor justifique esta invención, pero percibo que la utilización del término Homo Videns no entra en esos términos.

Giovanni Sartori, el autor del texto que nos toca criticar, no es inocente en el uso de esta nueva acepción del género humano. Necesita ser efectista, necesita que nos llegue su mensaje: el hombre atravesado por la experiencia multimediática está perdiendo su capacidad de conceptualizar, que para el autor significa está perdiendo su capacidad de ser Homo Sapiens. Para decirlo muy simplemente el Homo Videns es un producto negativo de esta nueva época, el Homo Videns no piensa, la pasividad es su característica más notoria. Para demostrarnos este punto personalmente pienso que toma unos derroteros que sobre simplifican el problema. Porque, entendámonos, efectivamente existe un problema, no tengo la menor duda de que los multimedios son el opio de los pueblos, que trabajan para darnos no lo que necesitamos sino lo que ellos creen que queremos para transformarnos o, más bien, para que sigamos adeptos a la nueva religión que nos acosa desde hace más de medio siglo: el consumo.

Pero Sartori al explicar el problema en términos maniqueístas reduce el conflicto con los medios audiovisuales, principalmente la televisión, a un enfrentamiento entre la imagen y la palabra. Al final de su primera exposición llegamos a la conclusión de que la palabra es buena y la imagen mala, como si la imagen no hubiera existido y ayudado a comunicar mucho antes que la palabra, más aun que la palabra escrita. De alguna manera poner a la palabra primero me suena extremadamente bíblico, y aunque entiendo que el lenguaje en si es prueba irrefutable de nuestra capacidad cognitiva no me parece que la palabra tanto oral como escrita se encuentre en detrimento frente a la imagen en la televisión o internet. Son después de todo medios audiovisuales donde uno no solo ve sino que lee y escucha. Lo que no acepto es la implicación del autor de que la imagen no hace pensar, no genera reflexión, y que mi generación y las generaciones que surgieron después de la mía somos a lo sumo de inteligencia fronteriza porque fuimos en nuestra más temprana edad televidentes antes que lectores. Como si la alfabetización generalizada no fuera un fenómeno relativamente reciente en la historia de la humanidad. Ahora, es en este tipo de afirmaciones donde se puede atestiguar el carácter efectista de la escritura de Sartori, porque en este punto me gustaría pensar que está exagerando para tratar de lograr una reflexión, aunque muchas veces me haga dudar de que sea así. Estos momentos de duda aparecen cuando por ejemplo en su acercamiento al problema de la era multimedia realiza una caracterización bastante sin matices de los medios de los que se ocupa. Al hablar de la televisión dice que solo retrata de lo que existe, lo palpablemente real, y de la computadora nos dice que trata con lo irreal. Extremadamente simplificado todo ya que las cosas no son tan simples. A mi entender, desde mi amplia experiencia con ambos medios, (experiencia acuñada desde mi más tierna infancia como Sartori señala), ambos medios pueden tratar tanto con lo real como con lo virtual, lo existente y lo especulativo, ambos nos pueden mostrar lo existente y cotidiano como no, y ambos conllevan el peligro de perdernos en un mundo de fantasía sin conexión aparente con la realidad. Pero la conexión existe, solo tenemos que algunas veces esforzarnos en encontrarla, la reflexión está al alcance de todos porque estoy segura que la atrofia cognitiva que Sartori nos achaca no es un estadio permanente de nuestra evolución genética1, es una elección, muchas veces una elección de vida. Todo lo que producimos, desde programas informáticos hasta programas televisivos, todo nos señala, todo es el símbolo de algo real, la diferencia está en si usamos esa capacidad de reflexión o no.

Como mencionaba anteriormente entiendo que tanto la televisión como la internet estén siguiendo un patrón bastante específico sobre qué es lo que tenemos que pensar y que las probabilidades de que lo que nos imparten nos esté mediocrizando hasta un punto de no retorno son cada vez más altas. Pero también me niego a pensar que la gente no tiene la culpa de este desarrollo, porque esto no es un régimen totalitario donde uno es crucificado si no se une al círculo vicioso de medios-consumo-medios. Uno tiene la libertad de elegir que va a hacer con su tiempo. Siempre es más fácil adormecerse frente al televisor ante entretenimientos descerebrados que no nos instan a hacer nada más que consumir. Pero aún sin salir del visionado televisivo o de la navegación cibernética hay opciones mejores que nos llevan a conocer nuevos entornos y pensar desde otras perspectivas. Sobre todo pensar y no dejar que los intereses de los acólitos del consumo reduzcan nuestra visión del mundo. La clave es no conformarse, como yo decido no conformarme con la visión apocalíptica de Sartori.

1 Más adelante en su libro (página 149-150)Sartori señala que siempre, en todas las épocas, existieron personas que no tenían interés en actividades reflexivas, y solo ahora por los medios esta gente es más notable y empieza a contar. A mi entender, según la definición de Sartori el Homo Videns, como persona sin capacidad de conceptualizar, siempre nos ha acompañado y no es en absoluto un resultado el resultado de la era multimedia. Esta simplemente lo ha develado.

El homo videns. La sociedad teledirigida- Giovanni Sartori.Diana Drake-O.T.A.V. Digitalización de imágenes I

Cátedra: Cáceres. Profesor: Lic. Alejandro Delgado

En su libro El homo videns. La sociedad teledirigida, Giovanni Sartori plantea que el hombre está siendo modificado pasivamente por la imagen. El homo sapiens, caracterizado por su capacidad de abstracción radicada en el lenguaje oral y escrito, está ahora mutando hacia un estado de dependencia infantil por su constante absorción pasiva de la información a través de imágenes, hacia un estado de homo videns. La palabra, relacionada con la capacidad de abstracción en el hombre, está siendo ahora desplazada por la imagen, plantea Sartori, con la cual la humanidad se mueve hacia una regresión cultural cada vez más profunda.

Estos cambios impactan no sólo la vida privada, sino la vida pública, especialmente la vida política reflejándose en una democracia cada vez más débil. Si la democracia es el poder en manos del pueblo, ¿quién es ese pueblo que tiene la capacidad de tomar decisiones, de plantarse ante un mundo cada vez más excluyente y decir basta? Sartori analiza cómo el ciudadano común ha sido criado frente a la televisión, su mente ya ha sido configurada para ser débil y pasivo, teniendo en cuenta que este medio se basa en el hecho de que la interacción con la audiencia es unilateral. A diferencia de la comunicación verbal, donde un receptor es activo y va configurando una respuesta para su productor mientras este último le habla (análisis de la comunicación verbal de Mijael Bajtín) o en una lectura, donde el lector debe ordenar la información (los signos del lenguaje) para darle un sentido, con la imagen televisiva el receptor es puramente pasivo. De está manera la televisión empobrece al aparato cognoscitivo del hombre y así se empobrece cada vez más la democracia participativa. Este ciudadano que participa lo hace solo entre comillas: ha sido llevado a un estado de regresión debido al bombardeo audiovisual al cual se ha sometido por tanto tiempo, y ahora es incapaz de erigirse como un ser pensante. La era audiovisual, la sociedad del espectáculo ha obliterado el espacio del pensamiento necesario para el desarrollo de la cultura.

Sartori señala que lo que distingue al hombre de los animales es su capacidad simbólica. Esta capacidad simbólica reside en el lenguaje, constituido por signos que significan dentro de una cultura determinada. Lo que diferencia al hombre de los animales, que emiten señales, es que tiene la capacidad de hablarse a sí mismo, de pensarse a si mismo, y todo esto gracias al lenguaje. El lenguaje hace del hombre autoconsciente porque gracias al lenguaje hay pensamiento. Pensamiento y conocimiento se constituyen con el lenguaje. Según Giovanni, para pensar no se necesita de la visión, para pensar no se necesita ver. Las cosas que pensamos no son visibles, siendo que son conceptos abstractos.

El desarrollo civilizatorio se funda en la escritura, es decir en la capacidad de abstracción y anteriormente al desarrollo de la imprenta la mayoría de las sociedades se regían con una primacía de lo oral, con una elite de escribas y letrados pertenecientes a ámbitos eclesiásticos. Es gracias a la invención de la imprenta que la escritura se vuelve moneda corriente, y la información

comienza salir de sus claustros. El proceso de la reproducción tiene su punto de culminación con los periódicos. El invento del telégrafo y luego del teléfono marcan el comienzo de un era donde la comunicación se da de manera inmediata. La radio, otro medio que da información de manera inmediata, difunde la información a través del habla. Para Sartori, todos estos medios no menoscaban la capacidad simbólica del hombre al utilizar el lenguaje, la comunicación oral. La ruptura se da con el surgimiento de la televisión, donde el receptor puede recibir en su casa imágenes de cosas que pueden estar ocurriendo en lugares muy lejanos, y donde el lenguaje es un mero acompañante al servicio de la imagen visual. De esta forma el espectador se convierte en un animal vidente, en un homo videns perdiendo su capacidad simbólica. Este cambio, acerca al hombre a los animales, porque si lo que distinguía al hombre de los mismos era su capacidad de simbolizar, el ser un mero vidente lo acerca a su estadio ancestral primitivo. El hombre desemboca así en un estado previo al lenguaje, previo a la capacidad simbólica perdiendo así la capacidad de lo constituía: el pensamiento.

Sartori analiza como los cambios tecnológicos han desembocado en grandes cambios sociales: la invención de la imprenta permitió la primera Enciclopedia y la Ilustración, la invención de la primera máquina a vapor en Inglaterra desembocaría luego en la Revolución Industrial, por citar algunos ejemplos. Cada nuevo desarrollo tiene grandes potencialidades que pueden ser cumplidas o no, y también grandes consecuencias.

En este momento la primacía es de la televisión, aunque está ya ha sido desplazada por las computadoras. Sartori plantea que la televisión muestra realidades, al igual que el cine y la fotografía (aunque en rigor estás son realidades manipuladas) y las computadoras muestran irrealidades, estadios de virtualidad y de simulacro.

La televisión es el primer elemento tecnológico que modifica la comunicación del hombre ya que traslada el contexto de la palabra al contexto de la imagen:

La diferencia es radical. La palabra es un «símbolo» que se resuelve en lo que significa, en lo que nos hace entender. Y entendemos la palabra sólo si podemos, es decir, si conocemos la lengua a la que pertenece; en caso contrario, es letra muerta, un signo o un sonido cualquiera. Por el contrario, la imagen es pura y simple representación visual.1

Esto que plantea Sartori sin embargo pareciera ser una sobre simplificación de la imagen visual: también las imágenes visuales existen y significan simbólicamente dentro de una cultura determinada. Es posible pensar que al hablar de representación visual Sartori habla tan solo de las imágenes televisivas y no de las imágenes creadas culturalmente que tienen una fuerte carga simbólica. Otro aspecto que debe señalarse es que no siempre la palabra es un símbolo que “se resuelve en lo que significa”, muchas veces, se dan situaciones en donde la palabra significa dentro de un contexto extra verbal determinado, esto se da especialmente en la comunicación verbal.

Dejando a un lado esta pequeña disquisición con Giovanni Sartori se procederá a continuar el análisis de su texto.

Sartori plantea que la televisión lleva al hombre a un estadio regresivo, y analiza como muchos niños son criados frente a la televisión aun antes de haber aprendido a leer, volviéndose adultos violentos. Para Sartori esta violencia se da al haber situado a un ser no pensante (un niño que no ha adquirido el lenguaje aun no es un ser pensante, al no disponer aun, justamente de una base simbólica) ante un artefacto que lo llena de información ante la cual es tan solo en un receptor pasivo. Un niño que no ha adquirido aun la capacidad de discernir, al ser situado frente a la televisión, meramente absorbe imágenes de una forma acrítica, no pensante.

Un niño educado de esta manera se vuelve luego un hombre que no lee, al haber sido acostumbrado desde pequeño a la velocidad y a la pasividad que solo pueden ofrecer los medios audiovisuales como la televisión. De esta manera el niño nunca crece, es decir, se vuelve adulto tan solo a la fuerza, pero nunca abandona este estadio de ser no pensante, de criatura dócil que recibe todo de forma pasiva sin una capacidad para pensarla ni para pensarse a si mismo. Este adulto no recibe el saber de la cultura escrita, esta sordo a la misma. Si se piensa al concepto de progreso desde la Ilustración, este significa el crecimiento de una civilización. Es posible pensar entonces que no todo progreso tecnológico ha sido realmente eso. La televisión es una de las nuevas tecnologías que han derivado en el declive cada vez mayor de la civilización occidental.

Si el hombre debe todo el progreso, progreso entendido desde su acepción positiva, como una mejora en una civilización, como crecimiento, ha su capacidad de abstracción, entonces el predominio de lo visual solo llevará al decaimiento de la civilización. Sartori distingue las palabras de uso práctico que evocan imágenes mentales que son visuales, y las palabras de uso teórico que funcionan de manera abstracta sin correlato en el mundo visible.

Y toda nuestra capacidad de administrar la realidad política, social y económica en la que vivimos, y a la que se somete la naturaleza del hombre, se fundamenta exclusivamente en un pensamiento conceptual que representa —para el ojo desnudo— entidades invisibles e inexistentes. Los llamados primitivos son tales porque —fábulas aparte— en su lenguaje destacan palabras concretas: lo cual garantiza la comunicación, pero escasa capacidad científico-cognoscitiva2

Los pueblos capaces de manejar el lenguaje abstracto son considerados en cambio avanzados. El saber del hombre se construye dentro de este plano de abstracciones, plano que no se encuentra en el mundo sensible. De esta manera la televisión es nociva para el desarrollo de un hombre pensante:

La televisión produce imágenes y anula los conceptos, y de este modo atrofia nuestra capacidad de abstracción y con ella toda nuestra capacidad de entender.3

De esta forma, se plante que el entendimiento mediante imágenes erosiona el saber, sin poder pensarse en una conjunción armónica porque la primacía en la cultura occidental se está dando hoy día en lo visual, lo rápido, lo fácilmente asimilable. Este planteo es sobre la televisión, sin embargo, Sartori guarda ciertas salvedades para lo que el llama “el mundo multimedial.” El televisor emite imágenes para un receptor pasivo, mientras que en el mundo multimedia el receptor es activo, interactúa. Además la red virtual de internet funciona como una biblioteca que permite saciar la curiosidad de cualquier usuario, dando lugar a una mayor difusión de la información.Internet, la «red de las redes» es un prodigioso instrumento multitarea: transmite imágenes, pero también texto escrito; abre al diálogo entre los usuarios que se buscan entre ellos e interactúan; y permite una profundización prácticamente ilimitada en cualquier curiosidad4En este sentido, el mundo multimedia podría vencer a la televisión en su progresivo anonadamiento de la humanidad. Sin embargo, si la red virtual es utilizada tan solo como entretenimiento esta faceta positiva se perderá y pasará a ser tan solo otro instrumento más de estupefacción de la humanidad. En la medida en que internet requiere de un espectador activo, es posible pensar que la televisión será preferida por gente de tendencia primordialmente pasiva. El problema sería que el niño, previamente ha poder utilizar internet ya haya sido “vuelto pasivo” al situarlo largas horas frente al artefacto televisivo. Entonces no servirá de mucho, o al menos requerirá de un gran esfuerzo, lograr que se vuelva un ser activo que busca y que interactúa.

El problema es si Internet producirá o no un crecimiento cultural. En teoría debería ser así, pues el que busca conocimiento en Internet, lo encuentra. La cuesón es qué número de personas utilizarán Internet como instrumento de conocimiento. El obstáculo, du1-ante este largo camino, es que el niño de tres o cuatro años se inicia con la televisión. Por tanto, cuando llega a Internet su interés cognoscitivo no está sensibilizado para la abstracción.5

Internet como forma cultural solo funcionará si el hombre no ha sido desensibilizado anteriormente por la televisión. Un ser que se planta frente a una riqueza de conocimiento como es la red virtual, pero no tiene capacidades de abstracción para poder erigir su pensamiento no podrá aprovechar sus usos positivos. De esta manera el hombre que ya ha sido educado con la televisión solo podrá utilizar internet como entretenimiento, perdiéndose así sus posibilidades de desarrollo cultural. La televisión para Sartori continuará siendo el centro, el formador primero de todas las personas de este siglo y por lo tanto la civilización continuará en su declive: «ver pasivamente» es más fácil y más cómodo que el acto de «ver activamente» de las navegaciones cibernéticas. Sin contar que, como ya he explicado, la televisión nos muestra una realidad

que nos atañe de verdad, mientras que el cibermundo nos enseña imágenes imaginarias.6

Para Sartori, sin importar hacia donde fuguen las personas en sus usos de tecnología, la televisión ya deja una huella que es imborrable si el hombre ha sido expuesto a la misma desde sus períodos formativos. Además la interacción que se da en el mundo virtual palidece ante la interacción que se da cara a cara. Esa interacción que se da en el uso de internet, es también un simulacro.

La televisión como difusora de información mediante imágenes, influye también en la vida política de una población, cobrando así un poderío insusitado. En una democracia donde el ciudadano ha sido criado frente a un televisor, es imposible hablar de una participación real, sino que el hombre-niño, el homo videns, sigue manejándose con la misma pasividad que lo congela en el acto de mirar la televisión. El televisor maneja de esta manera a la población y termina actuando como un portavoz importantísimo de grandes grupos de poder, como condicionante de la opinión pública (aunque esta “opinión” no sea más que mera repetición monocorde de aquello que ha sido dicho en la televisión por alguna “personalidad” del medio) y en última instancia termina influyendo en las democracias de la civilización occidental.

Para empezar, la televisión condiciona fuertemente el proceso electoral, ya sea en la elección de los candidatos 2, bien en su modo de plantear la batalla electoral, o en la forma de ayudar a vencer al vencedor. Además, la televisión condiciona, o puede condicionar, fuertemente el gobierno, es decir las decisiones del gobierno: lo que un gobierno puede y no puede hacer, o decidir lo que va a hacer7

La televisión funciona, no como mero entretenimiento inocente (pocas cosas hay de inocentes en este mundo) sino como creador de opinión pública, influyendo en hechos políticos y hasta en decisiones de gobierno. Con la televisión la autoridad se vuelve la imagen, con lo cual se pierde el espacio necesario para formar la propia opinión ante un suceso. El público es dócil y la televisión manipula y distorsiona la información (valiéndose de diferentes tácticas tales como las encuestas de opinión con preguntas ya de por sí manipuladoras, manipulando y descontextualizando imágenes, ente otras cosas) para reflejar los intereses de los principales grupos de poder y tender las condiciones para aquello que estos se propongan. También al constituir todo como un espectáculo, la televisión tiende a dejar a un lado a los seres pensantes que realmente podrían profundizar temas de la actualidad y tan solo visibiliza a personas cuyo único mérito reside en su extravagancia, su vulgaridad o lo que sea que logre acaparar mayor atención en esta sociedad del espectáculo. De la misma manera, se dejan a un lado ciertas partes del mundo que quedan oscurecidas, con centros en tan solo algunos lugares que por su poderío político reciben mayor atención, tales como los Estados Unidos.

Sartori realiza así un lúcido análisis sobre la influencia de los medios tecnológicos, en especial la televisión sobre la civilización occidental, observando el declive cada vez mayor de la misma por la influencia y la primacía de lo visual, dándose una pérdida del poder cognoscitivo y de la capacidad de abstracción que caracterizó al hombre como diferente a los animales.

1 Sartori, Giovanni. El homo videns y la sociedad teledirigida. Editorial Taurus. Página 8

2 Ibid. Página 12

3 Ibid. Página 13

4 Ibid. Página 16

5 Ibid. Página 16

6 Ibid. Página 19

7 Ibid. Página 20


Síntesis y opinión

Ingrid Lucia Iacobellis

Partiendo de la afirmación que sostiene que el homo sapiens se diferencia de los de su genero (los primates) no por una característica fisiológica, sino por su capacidad simbólica, se define al hombre como un “animal simbólico”, esto significa que el hombre no vive exclusivamente en un universo regido por lo físico, sino mas bien por lo simbolico, entendiendo esto por todo aquello que tiene q ver con su capacidad de expresarse y de comunicar y también lo que esto conlleva: lengua, mito, arte, religión…cultura.

El hombre utiliza diversos tipos de lenguaje, pero el que lo diferencia y caracteriza como animal simbólico es el “lenguaje-palabra”, el lenguaje del habla, y este no es solo una forma de comunicación sino también de pensamiento “el hombre es un animal parlante, un animal loquax << que continuamente esta hablando consigo mismo>> esta es la característica q lo distingue radicalmente de cualquier especie de ser viviente” como dice Sartori.

En el transcurso de la historia, la escritura permitió el desarrollo de las civilizaciones, pero hasta la creación de la imprenta la cultura se basaba principalmente en la transmisión oral. Con este avance tecnológico la transmisión escrita de la cultura será accesible para todos . Hacia mediados del siglo XIX el progreso de la reproducción impresa había culminado y entraban en escena nuevos avances tecnológicos relacionados con la comunicación lingüística, como el telégrafo, el teléfono y la radio. Sin generar ninguno de ellos una amenaza a la naturaleza simbólica del hombre ya que todos hacen uso de ella.

A mediados del siglo XX un nuevo avance tecnológico, el televisor, propone una nueva forma de comunicación no lingüística, debido a que el hecho de ver prevalece sobre el hecho de escuchar o leer, esto da como resultado un tele-espectador que: “es mas un animal vidente q un animal simbolico” (Sartori). Entonces, el hombre estaría perdiendo en parte la única característica que lo diferencia de los animales, y por lo tanto acercándose a sus congéneres los primates.

Así como la invención de la maquina, toda invención a tenido efectos negativos o secundarios y sido blanco de grandes criticas. La tecnología de la comunicación, en cambio, nunca recibió previsiones negativas, sino todo lo contrario, pero las ha tenido. Un ejemplo claro fue la monopolización de la información ejercida por la primer compañía de telégrafo y la de periódicos en los Estados Unidos. Pero la llegada de la televisión ha sido la única que ha generado un cambio en la naturaleza, de lo que hasta su aparición había sido la comunicación, porque la traslada del ámbito de la palabra (impresa o radiotransmitida) al de la imagen. Este cambio significaría un costo cultural enorme. Si se tiene en cuenta que la palabra es un símbolo que tiene un significado y que solo lo entendemos si conocemos la lengua o la palabra, mientras que “la imagen se ve y es suficiente y para verla […] basta con no ser ciegos. La imagen se ve y es suficiente”. Con esta frase Sartori hace hincapié en que la televisión no implica un acto de simbolismo y por lo tanto deja como saldo un tele-espectador que no tiene que entender solo necesita ver. Esto ultimo nos deja la premisa de que la televisión es una nueva forma de informarnos que no necesita del entender, dando lugar a una metamorfosis en la naturaleza misma del homo sapiens, ya que la televisión no es solo un instrumento de comunicación, sino también de formación (hoy en día es muy común ver suplantada a la niñera por el televisor) y que esta generando nuevos tipos de seres humanos con una concepción modificada entre en entender y el ver.

Entonces, si tomamos al niño como un animal simbolico que absorbe indiscriminadamente todo lo que ve y su primera escuela es la televisión, este niño esta “recibiendo su impronta educacional en imágenes de un mundo centrado en el hecho de ver”. Esto trae aparejada una profunda problemática, el niño que se forma en este ámbito es un hombre que prácticamente no lee, es un ser “reblandecido por la televisión”. Este “video-niño” se transforma en un hombre que no esta interesado en otros estímulos que no sean los audiovisuales (pueden verse hoy adultos adictos a los video juegos, por ej.), quedando por fuera de la cultura escrita. Y será, de esta manera, “un adulto marcado durante toda su vida por una atrofia cultural”. Asimismo se puede sostener que la cultura de la imagen al carecer de la cultura propiamente dicha (la cultura de los cultos, del saber), es una “cultura de la incultura”, una cultura de pobreza cultural.

Por otro lado, la televisión genera un empobrecimiento a nivel cognoscitivo, la capacidad connotativa del hombre, es decir, su capacidad de utilizar un lenguaje conceptual (palabras abstractas cuyo significado no se pueda transmitir en imágenes) es cada vez menor, ya que esta siendo sustituido por un lenguaje perceptivo (palabras concretas, con imágenes definidas) que es mucho mas pobre en cuanto a palabras y riqueza de significado. Esto se debe a que la televisión lleva al hombre de su mundo de conceptos y concepciones mentales a un mundo percibido por los sentidos. O sea, un regreso al simple acto de ver: “la televisión produce imágenes y anula los conceptos, y de este modo atrofia nuestra capacidad de abstracción y con ella toda nuestra capacidad de entender”.

Como una posible respuesta a verdaderamente seria a esta problemática Sartori dice: “la solución del problema debemos buscarla en alguna síntesis armónica”. Así pues, la palabra y la imagen, los conceptos y la imagen, la cultura escrita y la cultura audiovisual podrían combinarse en una “suma positiva”, afirmándose uno con otro. Aunque hoy en realidad lo q vemos es todo lo opuesto, ya que el hombre que ve arremete contra el que lee (tildándolo de elitista) y viceversa. Además, teniendo en cuenta las cifras, estas arrojan que el hombre que lee esta decayendo rápidamente mientras que las horas promedio que pasa un espectador frente al televisor aumentan. Y si se tiene en cuenta q la imagen por si misma no posee ninguna inteligibilidad, “el acto de ver esta atrofiando la capacidad de entender”.

No obstante, el progreso tecnológico nos ha sumergido en la edad de la cibernética. La computadora e internet, como posible sucesor de la televisión, no solo unifica la palabra, el sonido y las imágenes, sino que además agrega realidades virtudes lo cual amplia las posibilidades de lo real, pero no es real.

Ahora, si ponemos en tela de juicio las bondades y posibilidades de uso que brinda internet y la afirmación de que internet producirá un crecimiento cultural, todo depende del usuario. Es decir, dice Sartori “la cuestión es que numero de personas utilizaran internet como instrumento de conocimiento”. Por ejemplo, un niño formado por la televisión no posee un interés cognoscitivo sensibilizado para la abstracción. Por lo tanto, aquellos formados en el tele-ver (quizás la mayoría de los usuarios de internet) “[…] analfabetos que mataran su tiempo en internet […] invirtiéndolo en futilidades. Se pensara que esto no tiene nada de malo […] pero tampoco nada de bueno.”. En cuanto a lo virtual, existe un potencial peligro, un cibernauta común puede perder el sentido de la realidad si se tomase la navegación muy en serio, es decir, los limites entre lo verdadero y lo falso, lo existente y lo imaginario. Y en esto último voy a hacer hincapié, ya que es una realidad que se ve todos los días, desde preadolescentes hasta personas adultas, viviendo virtualmente a través de la mensajería y las redes sociales, hasta llegar a volver su vida publica, sin nombrar juegos de roll donde juegan a ser otras personas. En resumidas cuentas, las posibilidades de internet son y serán positivas en tanto y en cuanto las intensiones del usuario sean las de adquirir información y conocimiento.

Todo se reduce entonces a la pregunta: ¿Ocupara internet el lugar de la televisión? Si intentamos responder esta pregunta en el ámbito del entretenimiento, sin duda alguna la televisión vencerá entre los que Sartori denomina “perezosos” y las personas cansadas que prefieran el acto de mirar. Ya que internet, la computadora, es una maquina que implica el pensar, nos obliga a estar “activos” y será entre aquellos q estén dispuestos al dialogo y a la búsqueda en donde ganara internet. Pero “el hecho de que la cantidad de amantes de la televisión sea superior o inferior al numero de red-dependientes, me induce solo a observar que cada uno se entretiene a su modo.”. Finalmente “continua siendo verdad que hacia fines del siglo XX, el homo sapiens ha entrado en crisis, una crisis de perdida de conocimiento y de capacidad de saber ” como dice Sartori.


O.T.A.V. I – Digitalización de Imágenes – Cát. A. Cáceres

Comisión A. Delgado- Muni, Romina Odila

“El video está transformando al homo sapiens, producto de la cultura escrita, en homo videns, para el cual la palabra está destronada por la imagen”.

Con esta frase se resume en gran parte el problema que Giovanni Sartori desarrolla en su libro “Homo videns, la sociedad teledirigida”.

El autor hace un resumen en su primer capítulo de la evolución de las comunicaciones masivas, desde el surgimiento d la imprenta, el periódico, pasando por el telégrafo, el teléfono y la radio.

De esta última, como gran difusora, sostiene que no menoscaba la naturaleza simbólica del hombre.

Con naturaleza simbólica, se remite a la particularidad que define al ser humano como animal simbólico, es decir, la habilidad de conocer el mundo a través del lenguaje. Es un mundo mediado por la palabra. Ese conocer se construye en lenguaje y con el lenguaje. Este también le permite hablar consigo mismo y de sí mismo.

Lo que plantea Sartori es que en la televisión el hecho de ver prevalece sobre el hecho de hablar. Todo lo que se diga está en función de la imagen que en ese momento se proyecta en la pantalla.

El habla en este medio es, entonces, secundaria. La palabra solo “comenta” la imagen.

De esta forma el animal simbólico se transforma en un animal vidente: “Las cosas representadas en imágenes cuentan más y pesan más que las cosas dichas con palabras”.

Para el autor esto es minar la particularidad que nos diferencia del resto de los animales, ya que se exacerba el hecho de ver en detrimento de la capacidad simbólica, generando una especie de “retroceso” cognitivo y cultural.

Desde este punto de vista, la televisión no es solamente un instrumento de comunicación, sino que genera una sustitución que transforma la manera en que el hombre conoce el mundo, ya que lo que antes se relataba (por escrito); actualmente se muestra en la pantalla.

“La televisión produce imágenes y anula los conceptos” o, por lo menos, los limita, y de este modo atrofia la capacidad de abstracción, necesaria para comprender los conceptos que mayoritariamente forman nuestro vocabulario cognoscitivo y teórico.

De esta forma es que la televisión se constituye para el autor en una paideía, un instrumento antropogenético, o sea, un médium que genera un nuevo anthropos, un nuevo tipo de ser humano.

Este nuevo tipo de humano es el que cuenta en su historia particular a la televisión como babysitter en sus primeros años, y como primera escuela, lo que derivaría en un adulto “que no lee”, ya que los estímulos ante los que responde son audiovisuales exclusivamente, llegando a los 30 años como un adulto empobrecido, con “atrofia cultural”.

Siguiendo la línea de progreso tecnológico en los medios de comunicación, Sartori continua con la aparición y difusión del uso de Internet y la consecuente cibernavegación; y señala algunos contrastes entre las características de esta actividad y la de ver televisión.

Televisión Internet
Instrumento monovalente Instrumento polivalente
Espectador pasivo Usuario activo
Transmite imágenes Transmite imágenes y texto escrito

Luego se pregunta si Internet producirá o no un crecimiento cultural. La teoría indica, de acuerdo al concepto sobre el cual fue creada, que sí. Que el busca conocimiento en Internet, lo encuentra.

Pero esta cuestión teórica se vería opacada o anulada por el hecho de que la formación en Homo Videns se produce antes que el encuentro de la persona con la red, y por lo tanto, ya con su capacidad de entender empobrecida, no podrá aprovechar la información disponible, y sólo la usarán para matar el tiempo libre.

Sartori menciona también a Nicholas Negroponte y su objetivo de difusión extensiva del uso de Internet, pero con el objetivo del “cibermundo” y plantea el peligro potencial del uso de la realidad virtual por la posible indiferenciación de lo real y lo irreal, los límites entre lo verdadero y lo falso.

Hay cosas puntuales que el autor plantea en su libro con las que estoy totalmente de acuerdo, específicamente en los efectos del exceso de televisión en niños, y la orientación del tipo de televisión que ven, que generalmente es la que ven los mayores que los cuidan o acompañan. Pero en lo que no coincido es en lo determinante del asunto. Sartori lo plantea con una linealidad exagerada, creo que con el cuidado de padres y maestros que “enseñen a ver”, que fomenten el juicio crítico del niño se puede llegar a una adultez sana en cuanto a capacidades cognitivas.

Lo que aparece en el libro como hipótesis considero que tiene una base de teoría de aprendizaje conductista, donde el estímulo externo genera la respuesta. Está sobradamente comprobado que el aprendizaje del Homo Sapiens ocurre de forma más compleja. Es verdad que la televisión genera consecuencias no tan deseables si no se la mira responsablemente, pero no creo que se llegue a los 30 años como un atrofiado cultural sólo por haber visto demasiada televisión en la infancia. Hay un contexto, otras cosas que forman al niño paralelamente y que interactúan con el contenido (o no contenido) de las imágenes. Y este contexto tiene más que ver con el entorno sociocultural donde se desarrolla ese niño: si sólo tiene una televisión y todo el resto le es adverso, como en situaciones de extrema pobreza, con padres ausentes por extensos horarios de trabajo y un barrio donde la violencia excede a la pantalla y una escuela sin recursos o sin escolaridad directamente, creo que hay más posibilidades de llegar al extremo indeseado que plantea Sartori.

En el tema de la educación, en el sentido más amplio de la palabra (todo aquello de lo cual el niño aprende), es donde debería estar el foco. Tanto para un uso responsable del televisor, para que sea un aliado y no una amenaza, como para el correcto aprovechamiento de Internet y todos los avances cibernéticos que ocurran.

Con respecto al autor que cita, N.Negroponte, me gustaría agregar, que no sólo “es el aprendiz de brujo del postpensamiento” como lo llama G.Sartori, sino que es un utópico o un empresario que de ética dudosa y que desarrolla idearios enteros para vincular la producción de computadoras portátiles de bajo costo. Este tema es bien conocido en nuestro país y en el resto de América Latina, desde el 2008 a esta parte ha participado, promocionado y logrado finalmente, a través de su proyecto “una laptop por niño”, ubicar millones de computadoras en países en vías de desarrollo. Negroponte tiene como objetivo que la red llegue a todos los rincones del mundo, porque considera que la reducción de la brecha digital supone una herramienta fundamental para la lucha contra la pobreza. Lo cual me parece más que dudoso, y aparece la discusión de cómo las nuevas tecnologías (TICS) ayudan o pueden ayudar en el desarrollo de un país por sí mismas. Casi milagrosamente. Esta postura de repartir computadoras a los niños, lo cual es necesario como una herramienta educativa siempre y cuando, igual que con la televisión, se enseñe a utilizarlo como un medio y no como un fin en sí misma; podría considerarla un poco ingenua o extremista y en el mismo orden de la postura de Sartori.

Bibliografía y notas de referencia

  • Homo videns, la sociedad teledirigida. G. Sartori. 1999
  • “Hay que incluir PC en paquetes de ayuda internacional”, Telam, 11/11/2008
  • Corbo Zabatel, E.: Consideraciones sobre las psicologías y los sujetos que ellas definen. en Corbo Zabatel, E. (Comp.) Sujetos que aprenden. Perspectivas y problemáticas. Buenos Aires: Editorial Mnemosyne
  • Riesgos y promesas de las TICs en la educación ¿qué hemos aprendido en los últimos diez años? Nicholas C. Burbules. Granica 2006

Un pensamiento en “Homo Videns-1

  1. 2º Cuatrimestre- 28 Septiembre 2010
    Cátedra Cáceres. Nivel 1

    Homo Videns. Giovanni Sartori.
    Prof. Mónica MIr.
    Alumna Mirta Arial

    Homo Videns es un texto que más que darnos respuestas abre una y otra vez un espacio de preguntas.

    Quizás alguno de nosotros dude sobre el poder de las imágenes, sobre todo las televisivas, que cotidiana y naturalizadamente día tras día entran en nuestra casa, nadie podra desconocer “esa voz”, “ese rostro” que se vuelve familiar por la reiteración del acto.
    Sartori contrapone ver a entender, y describe una tensión entre la posibilidad del lenguaje como instrumento del pensar con el que se utiliza como instrumento del comunicar plagado de inmediatez.

    Es Sartori un pensador italiano precupado por la democracia y la sociedad democrática, que representa una visión muy particular de la cultura. Cuestiona en este texto la TV de bajos contenidos, que da solo valor a lo visible. Así por Ej. Es un espacio político para una pequeña nómina de políticos y desplaza a la oscuridad pública a los restantes. Que propone personas más que discursos. Instala una videocracia que puede vaciar de sentido la democracia.

    La salud y prosperidad del Estado no dependen, para Sartori, de la unanimidad sino de la diversidad y la discrepancia.Como en el teatro, la mala TV puede iluminar una parte de la escena, con los riesgos que esto implica.

    No cuestiona la TV entretenimiento, sino su función formativa, donde el reduccionismo y el centramiento en algunos aspectos de la realidad puede llevarnos a una imagen que no nos interpela, que no discute, que decreta.

    Creo que más que un texto de análisis es un producto de su preocupación e interés por el lugar que ocupa el pensamiento y una valorización del poder de la imagen como forma expresiva.

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