Comentarios e interpretaciones acerca de la lectura “El Arte del Motor” de Paul Virilio

El arte del motor.

La lectura me disparó sentimientos encontrados… Por un lado me generó una gran admiración ante el poder de invención e inteligencia del hombre y sus capacidades de manejo tecnológico, la información entendida como energía y como parte de la materia, pero por otro me generó miedo,  ya que con tan solo un poco de mala intención o de inconsciencia, el mundo puede caer a pedazos. El escrito es, según se especifica al finalizar la lectura, de Agosto del año 1993. Son notables los avances tecnológicos desde hace 21 años a esta parte, y teniendo en cuenta  cómo se van desarrollando los conocimientos y los paradigmas sociales seguirán en proceso de evolución. Creo que una gran diferencia entre ese tiempo y este, es que en la actualidad, la tecnología es de fácil acceso a cualquier ciudadano poseedor de un ordenador, celular o cualquier dispositivo tecnológico. Veo en la sociedad de hoy en día un vaciamiento espiritual, escondido detrás de pantallas, que nos hacen notar lo contrario. Poco a poco vamos cayendo en el más profundo minimalismo… lo que antes nos ocupaba el espacio de una biblioteca, ahora no es más que un dispositivo de no más de 20cm x 15cm que nos almacena incontable cantidad de libros; lo que antes era un mueble lleno de discos, ahora no es más que un mp4, 5 o 6 que nos permite guardar y reproducir infinita cantidad de canciones; lo que antes ocupaba una agenda de varias hojas escritas a mano con números de teléfono, ahora no es más que la palabra “contactos” en un celular… y así.. Poco a poco camino a la nada, disfrazada del todo. Soy consciente de la utilidad de dichos inventos; solo es una observación personal de como todo se va desvaneciendo… Lo que antes requería de un encuentro cara a cara, ahora no es más que una conversación cibernética.

Es claro que esta situación, para bien y para mal, se tornó posible gracias a la globalización.

(…) El pensamiento operatorio se convierte en una especie de artificialidad absoluta (…) ¿Pasará lo mismo con el ser humano posmoderno? (…) ¿Cuáles serán mañana los costos provocados por los inicios de una disuasión informática de la realidad sensible que se emparienta cada vez más con una verdadera “industrialización de la simulación”?(…) El mundo se cerrará entonces sobre sí mismo y nos convertiremos en parte o momento del Gran Objeto (mundo)(…) Si el mundo se cierra, se convierte en mundo terminado. Así, el horizonte profundo se convierte en horizonte aparente, o trans-aparente.

(…)Mañana, si no tenemos cuidado, sentiremos nostalgia no solo de la historia y de su geografía, sino también añoranza por el espacio y los tiempos perdidos (…)

Está claro que la tecnología es la fuerza dominante del mundo posmoderno, y que si por cuestiones de posibilidad fuera, hasta la naturaleza más pura puede ser dominada por la máquina… No es eso lo que me asusta… lo que realmente me intimida y me inquieta es saber que no todos son conscientes del daño espiritual que esto puede causar en el mundo y en cada uno como ser individual… veo como único producto de dichos comportamientos humanos la soledad enmascarada. A pasos agigantados se va formando una nueva realidad de la que no deseo formar parte… la realidad virtual.

Luisina Quiles.

 

El arte del motor

Sensación: energía infinita

Hoy en día el cuerpo es equipado con micro-máquinas susceptibles que cubre las necesidades. Sufre alteraciones por medio de los transplantes, prótesis, la necesidad de usar anteojos, etc.

Mucho se habla que el cuerpo humana rivaliza con la aceleración de los motores, por fin de aparejar el cuerpo humano para hacerlo contemporáneo a la era de la velocidad absoluta de las ondas electromagnéticas. Esa misma onda es la que podés comunicar con otra persona de otro país a través de un chat, por ejemplo.

En la actualidad la tecnología es tan grande que ya se está convirtiendo en un componente de nuestro cuerpo. El cuerpo se remodela para adaptarlo al espacio. El espacio ya no se limita a nuestra biosfera,” no se trata ya de enviar tecnologías a otros planetas, sino de hacerlas aterrizar en nuestro cuerpo!”

La evolución darwinista (de Darwin) entro en una fase TECNOCIENTÍFICA, es decir, que el superhombre del mañana es la persona sana, super-equipada, que controla su medio ambiente sin desplazarse físicamente.  La “gran salud” ya no es un don, sino un horizonte (es decir, que el ser humano tiene todos los medios técnicos para la mejora de su cuerpo y su salud).

 

La ciencia como una Energía en información, que se complementa con la Matéria. Con el Ciberespacio, se rompe la unidad del ser, convirtiéndose en un impalpable doble el contenido de nuestras sensaciones.

Thaís de Castilho

 

“El arte del motor”, del Paul Virilio.

Desde hace ya varios años, la ciencia y la tecnología están en constante avance. Hasta hace algunos años eran inimaginables cosas que hoy, son posibles.

Si vemos en retrospectiva, la historia nos muestra cuán grande fue el avance de la ciencia. Cada vez estamos más lejos de llegar a un punto final; los avances generados nos permiten ver cuanto más podemos hacer.

El punto de partida para que esas cosas hoy puedan ser “reales”, es el ser humano; las personas, seres racionales y sensibles. El ser humano es quien crea, controla y utiliza la ciencia en su propio beneficio.

Podría la tecnología, a mi parecer, tratarse también de un arte; considerando a este último como la manifestación de lo sensible del ser. Si bien, culturalmente no consideramos a la tecnología como tal, sino como consecuencia de la sabiduría e inteligencia del hombre aplicada a sus necesidades; el ser humano, logró balancear perfectamente lo sensible con la racionalidad, poniendo a disposición todos sus recursos, para dar como resultado la constante creación y avance de tecnologías.

Con la implementación de las primeras tecnologías utilizadas principalmente en las fábricas, el hombre se volvió un engranaje dentro de la máquina. Eran las máquinas las que establecían los tiempos y procesos de producción. El hombre tuvo que aprender a convivir con su propia creación, y también aprender de ella.

Se creó un ciberespacio, del cual hoy casi todos somos parte. Se pudo crear un mundo de posibilidades ilimitadas, generar imágenes de manera tal que simularan ser realidad; el hombre logra a través de lo racional engañar a su parte sensible. Sin embargo, no debemos que olvidar que las maquinas fueron creadas por el hombre y evolucionan, también, gracias a él.

Aluminé R. Strazzaboschi

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